Fashion Victims

¿Habéis visto el programa Salvados Fashion Victims? Si no lo habéis visto, os lo recomendamos completamente y es precisamente sobre este programa y sobre el tema que trata de lo que vamos a hablar en esta entrada. Podéis verlo aquí, aunque si no queréis hacerlo o no tenéis tiempo, no es necesario que lo hagáis para poder leer la entrada.

Por si no conocíais este programa, os contamos un poco de qué va. Salvados es un programa de televisión español de carácter informativo del grupo Atresmedia. Jordi Évole es el periodista encargado de presentarlo. Cada “episodio” trata sobre un tema de actualidad diferente y lo investiga a fondo. Es un formato de programa que tiene éxito en España y cuenta ya con ocho temporadas.

Pues bien, el programa en concreto del que os hablamos llevaba por título “Fashion Victims” y trata el tema del fast fashion y la explotación laboral en fábricas textiles deslocalizadas. En otras palabras, nos enseña qué hay detrás de la ropa que compramos.

Antes de empezar, debemos conocer que se entiende con el concepto de fast fashion. Tal y como explica en el programa Eugenia de la Torriente, directora de Harper’s Bazaar en España, el término Fast Fashion hace referencia a la “aceleración” que ha sufrido la moda. Antes, en las tiendas encontrábamos sólo dos temporadas: otoño-invierno y primavera-verano. Pero hoy en día cada vez encontramos más tiendas que cambian sus colecciones o parte de ellas cada quince días. Esto está relacionado a su vez con el hecho de que cada vez ir de tiendas (bien sea para comprar realmente o sólo para “echar un vistazo”) se convierte en una actividad de entretenimiento como ir al cine o quedar con los amigos e “(…) igualmente que difícilmente queremos ver dos veces la misma película, difícilmente queremos ver dos veces la misma prenda”, explica Eugenia de la Torriente. Esta necesidad de renovar continuamente las prendas que ofrecen las diferentes tiendas lleva a que se tenga que producir ropa en mucho menos tiempo y para que el precio baje o por lo menos no suba a consecuencia de esta “aceleración” del proceso, la calidad también baja. Pero, ¿dónde, cómo y quiénes producen estas prendas? Esto es lo que se pretende descubrir en este programa.

Para hacerlo, Jordi Évole y su equipo viajan a Pnom Pen, en Camboya. Aquí encontramos numerosas fábricas textiles que producen ropa a precios muy bajos para luego vendérsela a grandes empresas occidentales. Hablando con una trabajadora descubrimos que el salario mensual que reciben es de 120 dólares, lo que no llega al salario mínimo exigido por ley de 140 $ (127€) en este país. La mayor parte de los trabajadores de esta fábrica trabajan horas extra para poder llegar a fin de mes, llegando a trabajar en ocasiones más de doce horas diarias. Trabajan de lunes a sábado y no tiene vacaciones salvo los festivos nacionales. La edad mínima requerida para trabajar son 15 años. Los sindicatos las ayudan a defenderse de los abusos de los empresarios pero no es suficiente. Una de las trabajadoras contaba que trabajan en unas condiciones muy difíciles, que los tratan como animales. El agua que beben tiene bichos, los aseos están sucios, les gritan…

Las trabajadoras identificaron algunas marcas para las que cosían por las etiquetas de las prendas: Marc&Spencer, Massimo Dutti, H&M, Armani, Inditex, GAP, Adidas, Oysho, Cortefiel, Mango, El Corte Inglés

Sus condiciones laborales son durísimas, les pagan muy poco y las grandes empresas se vuelven cada día más y más ricas. 5 jerseys a precio español cuestan aproximadamente el salario mensual de un trabajador de la fábrica. Cada mes, cada trabajador, produce miles de jerseys. Quizás lo más triste de todo es que, al conocer esta realidad, una de las trabajadoras de esta fábrica dice que compremos, que cuanto más mejor, porque así ella podrá seguir trabajando.

Évole y su equipo viajan ahora a Santiago de Compostela para hablar con María Almazán, ingeniera textil de Latitude. María trabajó durante un tiempo para otras marcas viajando a países en los que se encontraban las fábricas. Era la encargada de comprobar que se respetaban las condiciones laborales necesarias: que no trabajaban niños, que se respetaban las medidas de seguridad etc.

“Cuando ibas a dónde te decían los dueños de la fábrica, todo estaba perfecto, pero si te ‘perdías’, podías ver que no. Veías que las condiciones eran horribles y que los trabajadores ponían en peligro su salud”, María Almazán

Fue la realidad que descubrió gracias a su trabajo lo que hizo que dejara su puesto, no quería seguir formando parte de aquello.

“Hay mucha gente que dice que ‘mejor estarán cosiendo que prostituyéndose’, no es esta la situación que nos tenemos que plantear, es una locura. Si llegamos a este punto nos estamos volviendo locos”, María Almazán

Y como estas hay muchas más historias. En Galicia había muchos talleres de costura que se vieron obligados a cerrar por que las empresas les obligan a someterse a unas condiciones laborales imposibles. Las grandes empresas textiles deslocalizaron su producción y estas condiciones son las mismas que ahora se ven obligados a aceptar en otros lugares más desfavorecidos. Y no estamos hablando sólo de marcas lowcost como Inditex. Ahora comprar algo “de marca” tampoco es sinónimo ni de calidad ni de que las personas que producen esa ropa tengan tengan unas buenas condiciones laborales.

Este es un problema en el que todos tenemos nuestra parte de culpa. Por un lado, las grandes empresas son las grandes culpables de la explotación a la que se están viendo sometidos miles de trabajadores. Los precios de sus prendas en el mundo occidental permiten pagarles cuando menos el doble a estos trabajadores. Las ofertas de trabajo de estas fábricas textiles pueden permitir a estos países desarrollar su economía pero no si los explotan, si no se aprovechan de la situación para ganar más y más dinero a costa de la salud de otros.

Almazán declaraba que también es culpa de los consumidores. Por supuesto que también es culpa nuestra pero la solución es difícil. Por un lado, no podemos dejar de compar ropa y por otro, aunque lo hiciésemos, esto supondría probablemente el despido de muchas personas. La solución a este problema es muy compleja pero puede que empiece por no usar la ropa como si fuera de usar y tirar.

A parte del problema social que supone esta manera de producción textil, está el problema medioambiental. La cantidad de ropa que se tira y los residuos que se producen en las fábricas y que no se tratan como es debido suponen un grave problema.

En este contexto y de la mano de María Almazán, nace Latitude, una empresa textil cuya producción se realiza en Galicia, España. Su objetivo es crear prendas únicamente con “materiales sostenibles” a nivel de salud, medioambiental y también con respeto a las condiciones laborales de los trabajadores. Se trata de un proyecto rentable aunque no va a ser la empresa que más gane, explica Almazán.

Actualmente “Latitude” cuenta con 5 talleres de una media de 3o trabajadores. El sueldo medio es 1100 euros y el precio final es también más caro. La producción de una prenda puede costar unos 8 € mientras que otra costaría 3€. Actualmente están realizando un proyecto con Kickstarter para buscar financiación para su primera colección.

Este proyecto consiste en lo siguiente:

  1. Las personas que estén interesadas pueden visitar la página web y elegir las prendas que les gusten.
  2. Si antes de la fecha prevista (18 de marzo de 2016) consiguen la financiación necesaria para poder iniciar la producción, se les cobrará a los clientes la prenda o prendas que hayan elegido y se les enviarán cuando estén terminadas (para ver más detalles, visita su página web).
  3. En caso de que no se alcance la financiación necesaria, no se le cobrará nada a los clientes pero tampoco se realizará la colección.
  4. También ofrecen otras maneras de colaborar, desde sólo 1 euro. Si queréis saber más, podéis visitar su página web.

La verdad es que este programa ha hecho que abramos los ojos, sobre todo porque nosotras somos las primeras a las que en ocasiones se les va la mano comprando y porque nunca nos habíamos parado a pensar en serio de dónde salía toda esa ropa ni en las consecuencias de comprar para tirar al cabo de unos meses. Así que queremos cambiar, queremos aportar nuestro granito de arena a una solución que, como ya dijimos antes no está muy  clara y desde luego, es difícil de conseguir porque no depende de una sola persona o colectivo. En cualquier caso, hemos decidido adoptar unas medidas para intentar frenar este comprar-usar-tirar en el que se han convertido nuestros armarios y que tiene como víctimas a miles de personas.

  • Para empezar, vamos a comprar sólo la ropa que necesitamos y pensarlo bien antes de comprar cada prenda. Si te organizas, puedes crear muchos outfits diferentes con muy pocas prendas.
  • Cuando ya no usemos la ropa no vamos a tirarla sino dársela a personas que la necesiten o buscar la manera de reciclarla (como relleno para cojines, manualidades etc.)
  • También queremos apoyar nuevas iniciativas solidarias y comprometidas con este tema, como la marca “Latitude” (esta entrada NO es una colaboración con la marca, pero nos parece muy interesante lo que están haciendo y creemos que puede ser una solución a este problema)

Y bueno, esto ha sido todo por hoy. Ya sabemos que no es el tipo de entrada que solemos subir pero realmente nos impactó mucho este programa y creíamos que también a vosotr@s  os podía interesar. ¿Vosotr@s lo habíais visto? ¿Qué pensáis sobre este tema? Dejadnos vuestros comentarios.

Besoos

C&C

 

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8 comentarios sobre “Fashion Victims

  1. Muy buena entrada. Llega un momento que n este ,uno, bien sea cosmética o moda, o haces la de Juan Palomo (como es mi caso) o te toca bucear en marcas poco conocidas. Personalmente yo soy muy de comprar ropa de gran durabilidad y si me canso de ella, tiro de tijeretazos (muy apañao si tienes un estilo rockero)

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  2. Yo si que lo ví el otro día (de hecho hice referencia a ello aquí https://enpocaspalabras99.wordpress.com/2016/03/01/industria-textil-negocio-del-amianto/ ) y la verdad que da para pensar. Es muy triste que se permitan este tipo de cosas y que los propios empresarios, como Amancio Ortega entre otros, sean capaces de tener casi esclavizados a sus trabajadores con tal de beneficiarse y cada vez obtener más. Me avergüenzo del ser “humano”.
    ¡Besitos!

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  3. Me parece muy interesante esta entrada, y una reflexión necesaria. Cuando vamos a comprar ropa, no solemos pensar en los derechos laborales (incluídos los de seguridad y salud laboral) de los personas- en su mayoría mujeres!!!- que confeccionan las prendas, y tampoco en los problemas medioambientales.

    ENHORABUENA! Y todo mi apoyo para LATITUDE y MARÍA ALMAZÁN

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